1 de juny de 2008

Por el placer de la lectura: de J.L. Sampedro


Fa temps que aquest escrit corre per la xarxa, però ja que el nostre govern s'ha entossudit en fer la Setmana de la Lectura, no serà pel veí de dalt que no se'n faci promoció. Tot i que em sembla que en el nostre replà de lectures no en falten. No dic si una altra cosa, però vaja...

És un escrit del José Luis Sampedro (li heu llegit La sonrisa etrusca?, feu-ho; és una novel.la tendra, tendra; com ell...); que parla del plaer de llegir i es despatxa a gust amb això del cànon de pagament que els de la SGAE volen imposar a les biblioteques pel préstec de llibres. Heu sentit dir bestieses en la meva vida, però aquesta se'n du la palma... I és que estic d'algunes iniciatives de l'SGAE fins els co...

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POR LA LECTURA


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.

Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro



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5 comentaris:

Arare ha dit...

Vaig llegir "La sonrisa etrusca" quan va néixer el meu tercer fill, encara estava de baixa. Em va canviar molt la manera de veure algunes coses. Una novel·la, com tu dius, tendra, tendra, tendra.

Bion migdia, veí! un petonet des d'un paisatge urbà decadent (però viu, al cap i a la fi, que això és el que hi ha, ja en parlarem)

Striper ha dit...

Fins als Collons? Jo també es passan un ou.

Kamasutra ha dit...

Jo també es passan un ou.

Laura ha dit...

De què serveix que als llibres de text parlin als nens d'11 anys del protocol de Kyoto si no saben llegir "protocol" ni "Kyoto"? Ja estem patint les conseqüències de no fomentar la lectura. I pel que veig, no descansen... "La sonrisa etrusca", apuntat.

Antígona ha dit...

Querido Veí,

tengo poco tiempo para pasarme por los blogs y el tuyo lo visito, como tantos otros, menos de lo que desearía. Pero cada vez que encuentro un hueco para pasarme por aquí no dejo de alegrarme de haberlo encontrado. Y es que nunca, nunca, me voy de aquí con las manos vacías.

Me ha conmovido este texto de Sampedro, tanto por su humanidad como por la contundencia de sus argumentos. Y me ha encantado descubrir que es en mi propia ciudad donde se encuentra ese hospital con una biblioteca ambulante para el entretenimiento y enriquecimiento de sus pacientes y familiares. Qué lástima que la medicina occidental haya entendido tan poco que la curación del cuerpo pasa también por el bienestar del alma, he pensando leyendo sobre la oposición de la administración y los médicos ante esta iniciativa tan inteligente y generosa.

Gracias por traerlo hasta mis ojos.

¡Un beso!