12 de juliol de 2009

Recuerdo de una noche de verano...

Una noche de verano conocí una mujer. Le daría un nombre, pero lo desconozco. Se fue de mi lado sin anunciármelo; y aún hoy creo que la imaginé en sueños. La bauticé con nombre de diosa griega. Eurídice. Fue la casualidad —que siempre nos depara los mejores y los peores momentos en la vida—, la que se coló entre nosotros. Aquella noche deambulaba por la calle a unas horas donde la gente de bien se refugia embozada en una manta delante del televisor. Caminaba detrás de ella. La asusté sin querer. “¿Quizás es tuyo el pañuelo?” Ella me miro de soslayo, por encima de unas gafas de pasta oscura, quizás temiendo que iba a sacarle un cuchillo, amedrentándola a realizar cualquier bajeza en un portal cercano. La luz de la calle acentuaba sus rasgos. “Sí. Gracias. No me había dado cuenta que se me había caído…” Vislumbré una inicial grabada en la tela con hilo dorado: una “X” solitaria. Al escuchar su voz me percaté en seguida que era un ángel urbano. Emanaba una seguridad en los gestos que su voz acaramelada acentuaba. Nunca la había visto por el barrio. Des de mi terraza, una atalaya singular, me fijo en la gente que pasea por las calles aledañas a mi manzana. Vi que se alejaba con un andar nervioso, quizás a sabiendas que la seguía con la mirada; mi vista recayendo en sus glúteos. Siempre miro el andar de una mujer por detrás. Lo reconozco. No me lo tengáis a mal.


Cambió de acera por el paso de peatones, anunciando su intención con la mano a medio alzar, en un gesto firme, que hizo frenar en seco a un taxista que parecía ir despistado, buscando un número en la calle. Se plantó en una carrera corta delante de su portal. Empezaba a lloviznar. Hurgó en el bolso para sacar las llaves. “Si me mira”, pensé, “quizás tenga una oportunidad”. Lo hizo en el momento que empujaba el portón. Y me sonrió, arqueando las cejas y musitando una “adiós” inaudible que me pareció un presagio avanzado. Decidí entonces que también iba a seguir sus pasos desde mi terraza. Desde aquel día, coincidí con ella en diversos lugares. En las tiendas del barrio, en los bancos del parque, en el estanco, en la parada del autobús; en la biblioteca; en la cola del teatro. Incluso en la farmacia. Siempre llevaba un libro en la mano y fumaba ávidamente. Tomábamos algún café de tarde en tarde; hablando de nuestros autores preferidos; de anécdotas triviales. Un día la invité a cenar. Declinó amablemente: “Viajo todo el día. Madrugo en exceso”.


Desde hace un tiempo que no sé nada de ella.


Un vecino que algo ido, de andares solitarios, tez blanquecina, y taciturno, me habló un día de ella. “Ha dejado el piso, parece. Un coche gris la recogió una tarde”. Me molestó que aquél individuo supiera más que yo de los andares de mis conciudadanos. Tuve entonces una idea. Me acordé de un detalle. Corrí hacia el estudio. Me agaché debajo de la mesa. Recogí de la papelera un papel amarillo de una docena de notas arrugadas, esbozos de posts que jamás verán la luz; poemas inacabados que jamás deberían haberse escrito. Garabateé una frase; rápida; nerviosa. Salí a la calle. Me colé en su edificio aprovechando que salía un inquilino. Mi aspecto deshilachado debió parecerle poco esperanzador. “Soy amigo de X.”, balbuceé. Se apartó del umbral, franqueándome el paso. Busqué su inicial en la hilera de buzones. Era fácil deducir su puerta. Subí a pie; pensando en qué le diría si ahora apareciese en el rellano. Llamé al timbre. Un eco de pasos olvidados retumbó en las paredes que imaginé vacías; antaño llenas de cuadros. Insistí, aguzando el oído. Un batir de ventanas abiertas parecía saludarme, sonriendo cruelmente de su solitud. Quizás esté o no esté, pensé. Quizás lea esta nota o quizás no, imaginé. Quizás responda o no lo haga. Quizás algún día vuelva al barrio o quizás no. Con ella todo era un “quizás”. Dejo enganchado en su puerta el recuerdo de una noche de verano. Un post-it sacado de una papelera. Quizás me lo devuelva. Quizás no.


Quizás…


Al volver a mi caverna me crucé con el vecino huraño. Vagaba con una gabardina rala, moteada por el polvo y raída por el uso. Parecía haber llorado. Quizás bebido. Su pena era mi pena y entramos en el bar de la esquina, nuestro bar, a refugiarnos de una pertinaz lluvia. Le pagué dos lingotazos de whisky de garrafa y nos deseamos suerte mutuamente. Empezé a contarle mi historia que pareció ya conocía. “Una noche de verano conocí una mujer…”.



* * *


Poques vegades he escrit posts en castellà. Dos cops, crec. Aquí i aquí. Segurament perquè els veïns, tot i que deuen ser catalanoparlants utilitzen aquest idioma per escriure. Segurament així em sento més a prop d’ells en aquest replà d’amplis hortizons. De fugides falses, De retorns imprevistos. De paraules enceses. De silencis ajornats.


Avui m’ha vingut de gust recordar-me’n d’ella. Demà, potser, serà d’algú altre.


Pujo de nou al terrat. Torre de guaita expectant. I miro com creuen el carrer, dialogant, veïns i veïnes a qui mai he saludat. Són mals temps per a la lírica. Per això es buiden pisos. Hi tenen tot el dret. El mateix que nosaltres de demanar que tornin algun dia i el mateix que tenen d’altres nouvinguts a procurar ocupar el seu lloc.


Fracassaran, segurament. Però el barri segueix viu, bategant amb força, cada dia.



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9 comentaris:

atikus ha dit...

Ah! los amores de verano....

bones vacances ;)

Duschgel ha dit...

Sovint us perdeu de vista, home i dona, en els teus relats. Talment com somnis.

zel ha dit...

Hi ha pisos que, temporalment estan de vacances... jo espero i desitjo que no se'ns buidin tots... i a ca la xurri, jo també faig servis dues llengües...


petons, veí, quan tinguis un pis a prop buit avisa'm! Muacks!

Violeta ha dit...

Bon relat, Veí.

Si és que ni la calor no et deixa descansar, eh?

khalina ha dit...

crec que ha trobat el teu post-it

El veí de dalt ha dit...

Atikus,
como los de invierno...

Duschgel,
sí; els posts són somnis, a cops.

Zel,
ok! Ja aniré mirant...

Violeta,
calor? quina calor? ;-)

Kha,
vaig a veure què diu...

xurri ha dit...

gràcies veí :o)

Mobile Alabama Yellow Pages ha dit...
Un administrador del bloc ha eliminat aquest comentari.
Rita ha dit...

Quin post més maco, veí!

Quan et poses així m'entendreixes tant...
Un petó!